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miércoles, 25 de julio de 2007

EE.UU.: ¿en vísperas de un cambio?

EE.UU.: ¿en vísperas de un cambio? (CLARIN ECONÓMICO 27/05/2007)


Hasta ahora, la mayor economía del mundo resistió la crisis inmobiliaria sin grandes costos, dice el autor. Pero agrega que no se puede descartar que la suba del precio del petróleo y la caída de los precios inmobiliarios hagan bajar aún más la tasa de crecimiento. En ese caso, bajar la tasa para reactivar la economía puede desatar un pico inflacionario.


Paul Samuelson. PREMIO NOBEL DE ECONOMIA

Últimamente el día a día de la economía estadounidense carece de emoción. Esa apatía no es necesariamente una mala noticia. En muchas culturas antiguas, la expresión "Que tus hijos vivan en tiempos interesantes" es interpretada más como una maldición que como un buen augurio. La excitación de una burbuja en las bolsas o una recesión en la calle es un síntoma de patología y no de buena salud.Por suerte, la prosperidad mundial no depende tanto como antes de la locomotora estadounidense. Autorizados informes del FMI documentaron hace poco esta novedad. A medida que nos acercamos a mitad de año, el crecimiento de la UE se está acelerando un poco.El impresionante progreso de China e India no se va a detener porque sus exportaciones a los Estados Unidos crezcan, por ejemplo, un 1% menos por año.Como patriota estadounidense, no me pongo de luto cuando mi país pierde el predominio unilateral sobre la economía del mundo. Representamos apenas el 5% de la población del planeta, pero aún así, tenemos cerca del 20% de la producción total.Nuestro producto per cápita crece a un ritmo bastante constante año a año. Sin embargo, es esperable que las numerosas regiones más pobres que nosotros —si cuentan con poblaciones educables que todavía no ganan salarios reales altos—, puedan duplicar nuestra tasa de crecimiento esperable. ¿Por qué y cómo?Simplemente usando nuestro know-how tecnológico superior, Europa Occidental y el Sudeste asiático tuvieron durante mucho tiempo un crecimiento mayor de la productividad per cápita que nosotros.Un Japón o una Corea del Sur habrían experimentado un crecimiento real explosivo aun cuando, entre 1960 y 1990, hubiesen invertido todo su ahorro doméstico en el país, en vez de generar superávit comerciales crónicos con Estados Unidos y luego reciclar esos superávit para contribuir a financiar la formación de capital en Estados Unidos.Pero a no exagerar con la actual tranquilidad económica estadounidense. Es cierto que Wall Street hoy no está ni en una fase "toro" (alcista) ni en una fase "oso", o de baja. Los índices bursátiles están casi como a comienzos de 2007. La reciente burbuja inmobiliaria ya se pinchó. Los prestamistas "sub-prime" (los que imprudentemente ayudaron a deudores de baja calificación crediticia) a comprar viviendas más grandes de lo que podían, están quebrando. Los constructores especulativos se "clavaron" con casas nuevas que no pueden vender. Eso mata el futuro del sector construcción. Otro panoramaSin embargo, el panorama financiero hoy difiere del que imperaba cuando estalló la última burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, en los años 80. En aquel momento, miles de entidades de ahorro y crédito locales habían volcado todo el dinero de sus depositantes en viviendas nuevas, ilíquidas y sobrevaluadas. Ahora, en cambio, las bajas tasas, impulsadas por la Reserva Federal para fomentar la recuperación de la masa de inversores tras el colapso bursátil de 2000, alentaron a diversos tomadores de riesgos a dar financiamiento hipotecario.Tontos de ellos. Pero una macroavalancha como la de los '80 es menos probable hoy. En economía todo es posible. No podemos descartar que el doble hachazo de los elevados precios del petróleo y de la caída de los precios inmobiliarios hagan bajar la tasa de crecimiento anual del 2,2% a números recesivos. Pero entonces y sólo entonces la Reserva Federal de Ben Bernanke hará frente a los vientos de recesión reduciendo más las tasas. Los periodistas me llaman a la oficina para preguntarme: "Profesor ¿caímos otra vez en la estanflación de la que usted hablaba en los años 70?" Mi respuesta mesurada es que no hay gran diferencia entre una ballena grande y un tiburón mediano.Cuando al mismo tiempo la inflación estadounidense es demasiado alta y el crecimiento real es un poco bajo, nuestra Reserva Federal debe vérselas con algún grado de estanflación desconcertante. ¿Por qué desconcertante?Siempre que los gobernadores de la Fed y los secretarios del Tesoro se enfrentan con: a) un crecimiento irracional y exuberante tanto de precios como de la producción total, ó b) una deflación persistente de los precios al consumidor con deterioro del empleo, estos expertos modernos no dudan sobre qué hacer. En el caso a), limitan el crédito de la Reserva Federal y endurecen la política fiscal. En el b), abren ambas canillas en busca de expansión. No hay perplejidad.Con la estanflación es otra historia. Todo lo que se hizo en los años 70 para contrarrestar la "flación"empeoraba la "estan". Y lo que se hacía para reducir el lado "estan", empeoraba la "flación". Ben Bernanke, titular de la Fed, y Henry Paulson, secretario del Tesoro, tienen un problema, pero menos difícil. Basándome en la estadística, pienso que el crecimiento, que sigue débil, del PBI continuará todo 2007. Eso plantea un interrogante crucial: ¿Qué pasará si las desventuras geopolíticas de Medio Oriente, «áfrica y América latina disparan el precio del petróleo al récord de 70 u 80 dólares el barril?En ese caso, esta Reserva Federal, fiel a su compromiso de considerar inaceptable incluso un índice inflacionario de 3%, sin duda aumentará las tasas de interés en vez de mantenerlas.Cuando esto ocurra, si es que ocurre, créanme que los decibeles de la discusión económica subirán a niveles nada aburridos, sino emocionantes.

SAMUELSON_los fantasmas económicos del futuro

Los fantasmas económicos del futuro (CLARIN 01/04/07)

Hará falta mucho más que la sabiduría del Rey Salomón para encontrar el delicado punto medio entre libertad y regulación, asegura el autor. Descarta una posible recesión mundial por ahora, pero habla de los peligros económicos que se despliegan en una economía globalizada, con la presencia de China, los fondos financieros sin control y los paraísos fiscales.

Paul A. Samuelson. PREMIO NOBEL DE ECONOMIA
Esta primavera (boreal) llega con incertidumbre económica. En China se habló de nuevas normas fiscales y restricciones al crédito y las bolsas del país cayeron 9% en un día.Dada la actual interconexión del sistema mundial, los mercados asiáticos cayeron, atrás de China. Y cuando amaneció en los mercados de Europa y de EE.UU. también hubo corrida.Como dice el dicho, los jesuitas mueren de a tres. Al mismo tiempo que China les bajaba el tono a sus mercados, estallaba la burbuja inmobiliaria estadounidense. Naturalmente, esto redujo ingresos y empleos en la construcción. Y los acreedores hipotecarios de riesgo empezaron a quebrar en manada. Tampoco ayudó que, al mismo tiempo, Alan Greenspan, el venerable jubilado de la Reserva Federal de los EE.UU., advirtiera públicamente que el boom estadounidense del 2003-2007 se estaba convirtiendo en un recuerdo. ¡Hasta usó la palabra que empieza con R, al hablar de una "posible" recesión en este 2007! El nuevo presidente de la Fed, Ben Bernanke, se apuró a sostener que, para la economía global, la perspectiva más probable sigue siendo la de un aterrizaje suave. Eso calmó a algunos. Pero Bernanke se negó a decir lo que Wall Street quería escuchar : que "pronto la Fed bajará su tasa de interés" y así los traders podrán tener nuevas ganancias. La historia económica nos enseña que las catástrofes inexorables existen. Por caso, un asteroide enorme una vez cayó inesperadamente sobre la Tierra y aniquiló a todos los dinosaurios. Nueva Orleáns, ciudad situada junto al golfo de México, que está debajo del nivel del mar y que carece de defensas como las que tiene Holanda, siempre estuvo expuesta al riesgo de un gran huracán y finalmente le llegó el Katrina en el 2005. Ningún científico duda de que, en alguna futura fecha desconocida, buena parte de California será devastada por un terremoto gigante.La gente normal y racional tiene que hacer su vida cotidiana sin perder el sueño por las desgracias futuras. Pero, si somos racionales, tratamos de ver aquí y ahora cómo evitar o prevenir los males que seguramente llegarán en algún momento aun incierto. Me limitaré a lo económico. En octubre de 1929, la bolsa se derrumbó. Los no economistas piensan que la Gran Depresión mundial de 1929-1939 fue la consecuencia inevitable. No lo fue. Si el Presidente Herbert Hoover y el Secretario del Tesoro de los EE.UU, Andrew Mellon y Montague Norman, del Banco de Inglaterra hubieran sabido lo que los expertos de todo el mundo saben hoy, podría haber habido sólo una recesión leve en 1930-1931.Y, en ese caso, la guerra de venganza de Adolf Hitler, en 1939, no habría tenido lugar. Lecciones del pasadoNo podemos revertir la historia económica. Pero podemos aprender algo. He aquí algunas consideraciones útiles: Ben Bernanke, en Washington, Alwyn King en el Banco de Inglaterra y Jean-Claude Trichet, en el Banco Central Europeo tienen los conocimientos, el poder y la voluntad para actuar drásticamente si se llegaran a desarrollar en el período 2007-2008 fuerzas deflacionarias de magnitud. La "posibilidad" de recesión en ciernes de la que habló Greenspan se traduce como "a lo sumo, un tercio de probabilidades de una recesión menor". Dos tercios es el doble de un tercio y eso respalda la mejor conjetura sobre una recesión futura modesta. Que no se me malentienda ni se me crea un incurable optimista. Lejos de eso. Como realista, veo en mi bola de cristal algunos desafíos extremos para la economía mundial. Lo que sigue es un esbozo de algunos. «, El PBI chino ahora supera al de Japón y es el segundo detrás del de los EE.UU. Si sigue con un crecimiento real del 9% o 10% anual, en alguna fecha próxima el PBI total de China será igual al estadounidense.«, La locura de los fondos de cobertura se está extendiendo a todos los mercados mundiales. Escapan a la regulación. En tiempos normales, esos fondos pueden contribuir a dispersar y reducir los riesgos. Sin embargo, ante la perspectiva de una futura tormenta, mi temor es que todos los hedge funds en cascada produzcan —y exacerben— una corrida masiva y desordenada contra el dólar. ¿Podría pasar algo así sin una gran crisis mundial? Para entonces, el Presidente George Bush estará en su rancho de Texas. Pero el medio oriente seguirá con caos y guerra civil. Se cosecha lo que se siembra. La locura fiscal estadounidense post 2000, combinada con la dispendiosidad de los norteamericanos en las bolsas, pondrá a prueba la fragilidad de nuestro nuevo sistema financiero mundial. En el mundo de hoy, geográficamente móvil, la regulación racional de los procederes empresarios parece casi imposible. Si se prohíben las artimañas de Enron y WorldCom, las actividades financieras se van de EE.UU. y de Londres y de Bruselas a los paraísos fiscales de Bahamas o las Islas del Canal. Esos lugares son como el legendario "lejano oeste" estadounidense: una carrera hacia la menor regulación, donde el que dispara más rápido gana. Hará falta mucho más que la sabiduría del Rey Salomón para encontrar el delicado punto medio entre libertad y regulación.